Problemas de comportamiento en los adolescentes.
Problemas de comportamiento en los adolescentes.
La adolescencia es el momento en que se desarrolla la independencia. Por
regla general, los adolescentes ejercitan su independencia cuestionando (y a
veces quebrantando) las normas. Los progenitores y los médicos han de
diferenciar los errores de juicio esporádicos, que son característicos y
esperables en este grupo de edad, de una mala conducta que requiere tratamiento
profesional. La gravedad y la frecuencia de las infracciones son indicios. Por
ejemplo, el hecho de beber con regularidad e involucrarse a menudo en peleas,
absentismo escolar sin permiso (hacer novillos) y hurtos es mucho más
significativo que los episodios aislados de estas mismas faltas. Otros signos
de alarma de un posible trastorno del comportamiento son el empeoramiento del
rendimiento escolar y las fugas del hogar. Son especialmente preocupantes los
adolescentes que se lesionan a sí mismos o a otras personas o que usan un arma
en una pelea.
Dado que los adolescentes son más independientes y volubles que cuando
eran niños, frecuentemente quedan fuera del control físico directo de los
adultos. En estas circunstancias, el comportamiento de los adolescentes está
determinado por su propia toma de decisiones, que aún no está madura. Los
padres actúan como guías en las acciones de los adolescentes, en lugar de
controlarlas directamente. Los adolescentes que se sienten queridos y
protegidos por sus progenitores, los cuales además transmiten expectativas
claras con respecto al comportamiento de sus hijos y muestran unos límites
coherentes en cuanto al establecimiento de reglas y su supervisión, son menos
propensos a desarrollar problemas graves.
El estilo parental basado en la confianza favorece que
los niños participen en la configuración de expectativas y el establecimiento
de reglas familiares. Este estilo de crianza implica el establecimiento de
límites, lo cual es importante para el desarrollo saludable del adolescente. El
estilo parental, en oposición a la crianza autoritaria (en la que los
progenitores toman decisiones con el mínimo aporte de sus hijos) o la
paternidad permisiva (en la que los progenitores establecen pocos límites),
favorece los comportamientos maduros.
Cuando la intervención parental se basa en la autoridad, los padres
utilizan un sistema de concesiones gradual, en el que al principio se da a los
adolescentes pequeñas parcelas de responsabilidad como cuidar de una mascota,
hacer labores domésticas, comprar su propia ropa, decorar su cuarto o gestionar
su paga. Si los adolescentes gestionan una responsabilidad o un privilegio de
forma apropiada durante un periodo de tiempo, se les conceden más
responsabilidades y más privilegios como por ejemplo salir con amigos sin
supervisión paterna o conducir. Por el contrario, una actuación poco juiciosa o
irresponsable conlleva la pérdida de concesiones. Cada nueva concesión requiere
una vigilancia estrecha por parte de los padres para asegurarse de que los
adolescentes cumplen con las reglas previamente pactadas.
Algunos padres y sus hijos adolescentes se enfrentan por casi todo. En
estas situaciones, el punto central es el control. Los adolescentes quieren
sentir que pueden tomar decisiones sobre sus vidas o contribuir a ellas, y los
padres tienen miedo de permitir que sus hijos tomen malas decisiones. En estas
situaciones, todos se benefician de que los padres seleccionen los frentes
concentrando sus esfuerzos en las acciones de los adolescentes (como asistir a
la escuela y cumplir con las tareas domésticas) más que en sus manifestaciones
(como su atuendo, su peinado o su entretenimiento preferido).
Los adolescentes con comportamiento peligroso o de todo punto
inaceptable, a pesar de los mejores esfuerzos de sus padres, requieren ayuda
profesional. El consumo de sustancias o drogas es un desencadenante frecuente
de los problemas de comportamiento y supone trastornos que requieren un tratamiento
específico. Los problemas de comportamiento también pueden ser síntomas
de trastornos de aprendizaje, depresión u otros trastornos mentales. Estos trastornos suelen
requerir terapia y los adolescentes con trastornos de salud mental pueden
beneficiarse del tratamiento con medicamentos. Si los padres no consiguen
reorientar la conducta peligrosa de un adolescente pueden solicitar ayuda
profesional o, según la práctica y usos de cada país, la designación legal de
un tutor u orientador que contribuya al refuerzo de unas reglas domésticas
razonables.
Trastornos del comportamiento
específicos
Los
trastornos disruptivos del comportamiento son frecuentes durante la
adolescencia.
El trastorno de déficit de atención/hiperactividad es
el trastorno de salud mental más frecuente de la infancia y a menudo persiste
durante la adolescencia y la edad adulta. Sin embargo, los adolescentes que
muestran dificultades para prestar atención pueden sufrir otro trastorno,
como depresión o una discapacidad para el aprendizaje. Aunque el
trastorno por déficit de atención e hiperactividad se trata a menudo con
fármacos estimulantes (como anfetaminas o metilfenidato), que pueden ser mal
utilizados, dicho tratamiento no parece aumentar el riesgo de desarrollar un
trastorno por consumo de sustancias e incluso puede disminuirlo. Por otra
parte, algunos adolescentes refieren síntomas de falta de atención en un
intento de obtener una receta para estimulantes, ya sea para ser utilizados
como una ayuda para el estudio o como recreo.
Otros comportamientos disruptivos frecuentes en la infancia son el trastorno negativista desafiante y
el trastorno disocial. Estos trastornos suelen
tratarse con psicoterapia para el niño y asesoramiento y apoyo para los padres.
Violencia y pertenencia a
pandillas
Los niños ocasionalmente participan en confrontaciones físicas y en
el acoso escolar, incluido el acoso cibernético.
La frecuencia y la gravedad de las interacciones violentas pueden aumentar
durante la adolescencia. Aunque se habla mucho de los episodios de violencia en
la escuela, es mucho más probable que sea en casa y fuera de la escuela donde
los adolescentes participan en episodios violentos (o más a menudo en amenazas
de violencia). Muchos factores contribuyen a incrementar el riesgo de violencia
entre los adolescentes
- Problemas de desarrollo
- Castigo físico intenso (como patadas o
puñetazos) infligido a los niños
- Cuidadores con trastornos por consumo de
sustancias
- Pandillas y bandas
- Acceso a armas de fuego o de otro tipo
- Abuso de sustancias
- Pobreza
Hay pocas pruebas que sugieran la relación entre la violencia y defectos
genéticos o anomalías cromosómicas.
La pertenencia a bandas se ha vinculado a un
comportamiento violento. Las bandas juveniles son asociaciones de formación
autónoma de tres o más miembros, generalmente de edades comprendidas entre 13 y
24 años. Las bandas suelen adoptar un nombre y unos símbolos de identificación,
como una determinada forma de vestir, el uso de ciertos signos con las manos,
determinados tatuajes o pintadas callejeras. Algunas bandas requieren que los
miembros potenciales realicen actos indiscriminados de violencia antes de
concederles la condición de miembros del grupo.
El aumento de la violencia de las bandas juveniles ha sido achacado, al
menos en parte, a la implicación de las bandas en la distribución y el consumo
de drogas. En algunos países, las armas de fuego y otras armas son
características frecuentes de la violencia de las bandas.
La prevención de la violencia empieza en la primera
infancia, con una disciplina exenta de violencia. También es beneficioso
limitar la exposición a la violencia que aparece en los medios de comunicación
y en los videojuegos, ya que se ha demostrado que la exposición a estas
imágenes violentas desensibiliza a los niños ante la violencia y provoca que
los niños acepten la violencia como parte de sus vidas. Los niños en edad
escolar deben tener acceso a un ambiente escolar seguro. Los niños mayores y
los adolescentes no deben tener acceso a las armas y se les debe enseñar a
evitar situaciones de alto riesgo (como los lugares o localizaciones donde
otros tienen armas o consumen alcohol o drogas) y a utilizar estrategias para
recuperar la calma en situaciones de tensión.
Es conveniente que quienes son víctimas de la violencia cuenten con el
estímulo adecuado para comentar con sus padres, sus profesores e incluso sus
médicos los problemas que están experimentando.





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