La perspectiva de género en el tratamiento de adicciones para mujeres.

La perspectiva de género en el tratamiento de adicciones para mujeres.




Cómo integrar las características de la identidad femenina en una terapia

– ¿Qué significa que un tratamiento de adicciones para mujeres tenga perspectiva de género?

– La gente se cree que aplicar perspectiva de género es diferenciar entre chicos y chicas, desagregar datos. Pero eso es solo lo básico para poder luego aplicar perspectiva de género. Que un tratamiento tenga perspectiva de género debe significar que tenga en cuenta y sistematice las posibles diferencias que produce el sistema de género entre hombres y mujeres, en relación con los usos de sustancias y con el desarrollo de la adicción. Y que lo tenga en cuenta para poder actuar sobre esas diferencias y sus consecuencias, sobre todo, teniendo en cuenta que el género es un eje de vulneración de las mujeres a nivel social, estructural, psicológico… 

Por ejemplo, muchas mujeres beben en gran medida para evadirse de malestares, afrontar violencias recibidas. El tratamiento para mujeres debe incorporar este dato, tenerlo en cuenta. 

Por otro lado, debe interpretar y sistematizar qué papel ha jugado la socialización de las diferencias para conformar la identidad de género en hombres y en mujeres. Aunque esto también dependerá de cada persona, cómo ha internalizado el conjunto de normas y expectativas respecto a ser hombre o ser mujer a través de sus relaciones familiares, medios de comunicación, cultura, etc. en su personalidad. En todo caso, el género te obliga a poner atención en múltiples factores del tratamiento, desde individuales, psicológicos, a estructurales, poniendo especial atención a lo relacional y los vínculos.

Pero eso es solo lo básico para poder luego aplicar perspectiva de género, es decir: para interpretar el papel que ha jugado el género a niveles psicológico, social y estructural en la vida de la persona y en el desarrollo de su adicción o problema de consumo abusivo. Y siempre teniendo en cuenta que el género es un eje de vulneración para las mujeres.


Esto se hace en general en los tratamientos de adicciones en Colombia? 

– En general no, porque la gente piensa que el género es eso: desagregar datos y ya está. O se piensan que es una moda, o que es algo ideológico, cuando en realidad existe todo un Corpus teórico que lo respalda, como sucede con la Entrevista motivacional, el Modelo de atención centrado en la persona, el Modelo Transteórico del Cambio… 

Por tanto, hay que formarse para aplicar la perspectiva de género. La gente a la que realmente le interesa, una vez que accede al mundo de los tratamientos de adicciones, se da cuenta de que lo que necesitan es formación. Y esto no te viene dado por un cursito de 12 o 20 horas. 



En general en Colombia los tratamientos no están ahí, aunque hay excepciones. De hecho, yo noto un cambio en estos últimos años en la dirección de darle más importancia a la perspectiva de género. Hay tratamientos que sí que están funcionando desde perspectiva de género, sobre todo con mujeres, y que cambian mucho los paradigmas de intervención que tenemos en drogodependencias. 

– ¿Cómo cambia un tratamiento de adicciones si está enfocado desde la perspectiva de género? 

– Por ejemplo, la abstinencia suele ser, normalmente, un requisito previo para entrar en recursos residenciales. Y además, la solemos tomar un poco como indicador de la motivación de la persona para salir de su adicción. Es decir, que consiga estar abstinente aunque sea cinco o seis días. Cuando se comenzó, aunque siempre se ponían los espacios a disposición de las personas, si veíamos que estas no lograban la sobriedad, interpretábamos que no era su momento, que no había un compromiso de cambio por su parte. 

Pero cuando se trabaja con mujeres y se tiene en cuenta el género, hay que comprender que ellas pueden estar con un nivel de motivación alto para dejar el consumo, pueden estar preparadas para el cambio perfectamente, pero sus condiciones sociales y relacionales van a dificultar enormemente que consigna la abstinencia, “simplemente” por una razón de género. 

En otras palabras, porque están en espacios donde sufren violencias, en espacios relacionales, sea de pareja o familiares, donde el consumo forma parte de su estrategia para afrontar o sobrevivir a esas violencias o malestares. Por tanto, no van a consolidar la abstinencia, como exigen los tratamientos en general, antes de estar en un espacio que les sirva de cobijo.

 

– ¿Qué implica un espacio de cobijo en un tratamiento de adicciones para mujeres?

– Un espacio de cobijo implica que puedan estar fuera de ese espacio de relaciones donde el consumo juega un papel muy concreto de supervivencia. No puedes pedirle a una persona la abstinencia cuando el consumo es lo que le está, de alguna forma, permitiendo sobrevivir y desenvolverse en ese entorno de violencias. A la par, ese consumo forma parte de muchas violencias en las que sigue envuelta. 

En este sentido, existen varios recursos residenciales ya puestos en marcha en España que no piden la abstinencia a las mujeres para entrar. Y donde conseguir la abstinencia se trabaja en el propio recurso, es decir, que entran consumiendo. Es una óptica más enfocada desde la reducción del daño, pero con la idea de tratamiento de recuperación. 

– ¿Qué diferencia y caracteriza a estos espacios de otros?

– Se trata de espacios menos normativos y rígidos, que funcionan desde los acuerdos educativos pactados, el trabajo del vínculo…

Tampoco se les exige mantener la incomunicación con familiares o con el entorno que se movían para centrarse en ellas. Mientras que esto sí conforma un requisito en la mayoría de tratamiento de adicciones. Entendemos que la incomunicación con su familia y otras personas, dificulta que permanezcan en el recurso. Así que se trabaja para que ella misma vaya viendo lo que necesita o le va bien para su recuperación, siempre con indicaciones terapéuticas del equipo. 

Aclaro que estamos hablando siempre en términos generales. Y, en estos términos, las mujeres, por razón de género, de cómo se construye su identidad en esta cultura, siempre están muy centradas en las relaciones, en los demás, hacia fuera. Mientras que si a un hombre le dices: “céntrate en ti”, podrá hacerlo mejor o peor, pero no tendrá ningún problema en alejarse de su familia dos o cuatro semanas, y aislarse en un piso terapéutico o en un centro de desintoxicación. En las mujeres, aislarse produce directamente que abandonen el tratamiento, porque no pueden estar sin saber de su familia, por muy complicada que se vea en la relación. 

 



La importancia de las relaciones en la terapia de adicciones para mujeres

Cuando el aislamiento es contraproducente para el tratamiento

– ¿Qué características tiene la terapia en grupo para mujeres en estos programas?

– En los grupos femeninos trabajas en el sentido de tomar conciencia de qué papel juega el género en tu vida como factor de exclusión, de discriminación, de vulneración. Y a partir de allí, profundizas en el vínculo entre mujeres. 

¿Cómo cuadra esto cuando tú, como profesional, trabajas con personas drogodependientes y toda la vida se te ha dicho que es mejor que no se relacionen entre ellas para prevenir recaídas

Hoy está comprobado que la relación entre mujeres, desde el vínculo feminista, que crea conciencia del papel que juega el género en nuestras vidas, es, precisamente, un factor de protección frente a las recaídas. Este enfoque, claro, contradice todo lo que venimos trabajando con los hombres, con quienes intentamos que no se vinculen entre sí, porque ya tienen un vínculo entre ellos que hace que consuman (la relación en el grupo de iguales es muy significativa en los procesos de consumo de los hombres, por cuestión de género). 

– De hecho, una de las sugerencias más frecuentes a las personas que emprenden un tratamiento de adicciones es que se alejen de sus entornos. 

– Claro. En los tratamientos de adicciones para mujeres lo que hacemos es generar un espacio de referencia: el grupo de mujeres. De hecho, recomendamos que en todos los centros de tratamiento haya un espacio específico de mujeres donde se trabaje con perspectiva de género. Porque tú puedes tener un espacio específico de mujeres y no estar trabajando desde perspectiva de género…  

– Es decir: tener un grupo de mujeres no garantiza, per se, que estés trabajando desde una perspectiva de género…

– No, hay que tener una metodología definida, hay que tener unos objetivos de trabajo y tienes que saber lo que estás haciendo y cómo. Lo que ofrecemos es un espacio de referencia, un espacio de no juicio, de compartir experiencias para poder aprender. 

Tomar conciencia del papel que juega al género en tu adicción implica descubrir: 

  • Qué ha pasado en tu vida como mujer para que tú estés en determinados lugares, en determinadas situaciones, qué te ha llevado a tomar determinadas decisiones
  • Conocerse y analizar las relaciones en las que te desenvuelves, analizando expectativas sobre ti, expectativas que tienes tú misma también, relacionadas con ser mujer. 
  • Conocer dónde tienes puesta tu autoestima y cuanto de ello tiene que ver con las expectativas sociales, familiares, etc. para las mujeres.

Esto también se puede hacer con los chicos, cambiando el contenido de género, evidentemente (las expectativas y dinámicas sociales, etc. no son las mismas para hombres y mujeres, y menos en relación con el consumo de sustancias). Pero con las mujeres resulta básico ofrecer espacios de seguridad donde trabajar en este sentido. 

– ¿Qué es un espacio de seguridad en un tratamiento de adicciones para mujeres?

– Por ejemplo, en un grupo mixto, una chica comentó que había empleado su cuerpo para conseguir sustancias, es decir, “se había prostituido”. Y lo dijo porque estaba en un espacio de supuesta seguridad, con compañeros y compañeras que también sufrían una adicción. Lo que sucedió es que, después del grupo, varios de los hombres le lanzaron ofertas para que se acostara con ellos por dinero. El supuesto espacio de seguridad deja automáticamente de serlo por una cuestión que tiene que ver con el género.

En un espacio entre mujeres, en cambio, sí que estás garantizando que desaparezcan las desigualdades de género. Aparecerán otras cuestiones, y trabajas aspectos como que ninguna mujer juzgue a otra (por haber empleado su cuerpo para obtener sustancias, por ejemplo). En eso consiste ver lo que estás haciendo. No se trata de hacer un grupo de mujeres y ya está.






 

 


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